Mundo plastificado

Un mundo plastificado

A pesar de los esfuerzos de Disney por ocultar la cruda realidad, tras el feliz rostro de la sirenita Ariel se esconde un cruel escenario, su reino está siendo devastado poco a poco, y tanto ella como sus seres más queridos luchan a vida o muerte contra un enemigo contra el que pueden hacer poco: es la guerra de los plásticos.

Llegados al fin que se aproxima del reino submarino, cualquiera podría pensar que Ariel, al igual que en el cuento, podrá transformar su cola de pez en piernas, y junto a su amado Eric hacer un “vivir felices y comer perdices” para siempre en su castillo, sin embargo, nada más lejos de la realidad, el enemigo también está ahí fuera.

Y es que las cifras dentro del agua asustan, así en 2017 se cifró en 250.000 toneladas, el plástico existente en el mar, eso parece mucho, pero aún más su símil, equivale a 5 bolsas de plástico como las del súper, llenas de plástico, por cada 30 cm de costa del mundo, flipante.

Pero fuera del agua la cosa no mejora, por ejemplo, Greenpeace cuantifica en un 60% el porcentaje de residuos plásticos en España que no se reciclan, terminando en vertederos o indineradoras con el consiguiente daño medioambiental. Estas cifras son además sin tener en cuenta las exportaciones, y es que hasta ahora lo habitual era enviar nuestra basura a China, que en pocos años se ha convertido en el estercolero del mundo, llegando a recoger el 50% de los residuos mundiales de plástico. Sin embargo, China se ha cansado de ese papel de basurero mundial, y recientemente ha endurecido sus políticas medio ambientales, se han percatado de que el coste ambiental es mayor a los beneficios económicos de tratar con esos materiales, así que la cosa pinta peor para España, y el resto de países Europeos, muy dados a esta práctica de exportación hacia el país asiático.

Entre unas cosas y otras, esta guerra invisible, cambia hasta nuestros hábitos alimenticios, en lugar de comer salmón a la plancha, comeremos salmón a la plancha con plástico. Si tienes estómago, puedes echar un ojo a este video viral del chef Dabiz Muñoz:

Asusta el bicho, pero también conocer que se cifra en aproximadamente 70.000 microplásticos los que tragamos al cabo del año a través de alimentos, o como compara la WWF, nos comemos a la semana el plástico equivalente a una tarjeta de crédito. Y es que los plásticos que tiramos al mar, se degradan por el propio medio, la luz solar y otros elementos, reduciéndose a pequeñas partículas de tan sólo unas micras de longitud (nótese, que 1 micra, es la milésima parte de de 1 milímetro) que terminan llegando a todas partes, incluida nuestra barriga. Quizá algún vegano o carnívoro empedernido, se sienta más a salvo por no comer productos del mar, pero me temo que eso no le va a valer de mucho, nos llega también a través de otros alimentos, por ejemplo se calcula que 1kg de sal en España posee 200 partículas de microplástico, y lo más crítico nos llega también a través del agua que bebemos, o de los productos hechos con ésta (desde el pan hasta la pasta).

Lo más triste, es que aunque saquemos toda la artillería, y comencemos todos a portarnos como debemos con el medio ambiente desde este mismo momento, la batalla para Ariel, o para ti y para mi, está totalmente perdida. Por ponernos en perspectiva, una simple botella de plástico tarda más de 500 años en descomponerse en el fondo del mar… es decir, para entonces estaremos todos criando malvas, y durante toda nuestra existencia habremos ingerido plástico, nos guste incluirlo en la dieta o no.

Además tampoco queda claro que estemos en ese punto de sacar toda la artillería, y es que por un lado hay medidas prometedoras, como ese contenedor amarillo cerca de casa, o la prohibición en Europa de los plásticos de un sólo uso, pero por otro lado, está esa sensación de que el material plástico está ommipresente en tu vida, aumentando su presencia hasta en casos tan absurdos como los siguientes:

Al caso es interesante seguir el hastag “NOPLASTIC” dónde puedes encontrar más ejemplos similares a los anteriores, y es que quién puede encontrar útil vender una coca cola o un plátano en un envase de plástico ¿?

Pues es el pan de cada día, adquieres por ejemplo un móvíl, éste viene en una caja de cartón envuelta en plástico, abres y más plástico por todas partes, para el propio móvil,  para los cascos, para el cargador, para el cable de datos, para el conversor type-C, para las orejeras, para las bridas sujetacables… y ya el que remata el despropósito, un plástico que envuelve las instrucciones.

Las magdalenas para el desayuno (de manera individual), el pack de leche, todo, absolutamente todo, está envuelto en plástico, sea necesario o no, y además de una manera desproporcionada.

Uno termina preguntándose quién es el lumbreras que decide por ejemplo, presentar una manzana en un envoltorio formado por una bandeja y film de plástico, ¿qué sentido tiene?, encarece el producto, por contaminar, contamina hasta el propio producto alimenticio porque esos envoltorios son tóxicos, y de cara al consumidor resulta cuanto menos poco práctico, obligándole a pelearse con todo ese envoltorio para poder comerse una triste manzana. Resulta cuanto menos inverosímil, tanta estupidez aplicada al objetivo de presentar al consumidor todo envuelto en plástico. Preguntas como por qué un libro de instrucciones en papel, ya contenido en un envoltorio protegido, está envuelto en plástico, son difíciles de responder.

Pasaré de soslayo el tema de las bolsas de compra de plástico, en 2021 aplicado del todo el nuevo decreto ley, quedarán todas prohibidas excepto las biodegradables, pero hasta entonces el mensaje es cuanto menos contradictorio: el súper no te da bolsas porque contaminan, pero si las pagas desaparece el problema, de ese modo por arte de magia, dejan de contaminar.

Llegados al punto de reflexionar, uno se puede quedar simplemente con el mensaje, o además tratar de aportar su granito de arena, hay que cambiar las cosas, y es verdad que no podemos evitar que muchas veces los productos se nos presenten en excesivos e inútiles contenedores de plástico, pero si podemos ayudar a cambiar esta dinámica de contaminación sin control, sin que ello suponga además un gran esfuerzo, así por ejemplo:

  • Recicla, contenedor amarillo, verde, azul, vidrio… todo cuenta.
  • Olvídate de los plásticos de 1 sólo uso: pajitas, platos y vasos de plástico… dentro de poco estarán todos prohibidos, pero puedes sacarlos ya mismo de tu vida.
  • Si es posible, adquiere los productos en contenedores de vidrio en lugar de plástico.
  • Trata de evitar el menaje de plástico: cubiertos, platos, recipientes…
  • Ignora la sección de productos congelados, además de ser malos para tu salud, abusan de sus envoltorios de plástico.
  • Fumas? Usa mecheros recargables, de otro modo son casi indestructibles en los vertederos.
  • Pasa de masticar chicle… es plástico.
  • Evita la ropa sintética, en cada lavadura desprenden microfibras de plástico que terminan en el mar.
  • Revisa la composición de tu cosmética, evita las palabras polipropileno o polietileno en tu pasta de dientes y resto de productos diarios.
  • Evita las botellas de agua de plástico, y en su caso, no las reutilices, sus componentes tóxicos pueden pasar al agua.
  • Agenciate una bolsa o carrito para la compra, aún hay supermercados que dan bolsas de plástico, o en su defecto las venden, reutiliza.
  • Comparte, convence a tus abuelos de que reciclen si es que no tienen arraigada la costumbre, enseña a tus hijos desde pequeños a cuidar el medio ambiente, dile a tu colega que se jacta de no reciclar que eso no hace ninguna gracia.
  • Hazte oír, en redes sociales, con un me gusta o un comentario, con tu voto durante las elecciones, con tus costumbres de compra… eso puede hacer cambiar o mejorar las actitudes de los políticos, supermercados y fabricantes.

Aunque suene a eslogan barato, todos juntos podemos.

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