Jefes, cabecillas, abusones entre covid-19

Entre los diversos libros que me mandaron leer durante el instituto, algunos de ellos más que infumables o con lenguaje de siglos pasados, hay contadas joyas, que al parecer se han ganado un hueco en mi olvidadiza memoria.

Uno de ellos es “Jefes, cabecillas, abusones” de un tal Marvin Harris, un reconocido antropólogo internacional, que plantea casi al comienzo del libro si puede existir la humanidad sin gobernantes, ni gobernados. La reflexión cuanto menos da qué pensar, y no tengo ni idea de por qué, pero me viene a la mente ahora que estamos viviendo una crisis como la actual del coronavirus. 

Por un lado se hace inconcebible carecer de un  “gobierno” en los complejos estados modernos, además de que hemos mamado tanto por memoria, como por cultura y educación, la figura de ese gran jefe supremo como algo innato a la humanidad: desde emperadores romanos, a reyes absolutos, dictadores, presidentes… incluso, nuestra imaginación plantea el apocalipsis en caso de carecer de estos sistemas de gobierno, una especie de resident evil o walking dead, todos contra todos, humanos que dejan de ser humanos para convertirse en bestias capaces de lo peor para sobrevivir en un entorno sin reglas ni gobiernos centralizados.

Pero por otra parte, aunque los libros de secundaria no suelen hablar de ello, la humanidad se apañó sin este tipo de cabecillas durante más de 30.000 años, y no sólo eso, sino que a día de hoy aún existen tribus con un modo de vida totalmente diferente de lo que estamos acostumbrados. 

Dicho lo anterior, no planteo ni mucho menos un mundo sin gobiernos totalmente anárquico, pero si doy preámbulo al meollo de la cuestión, de dónde venimos, porque es importante reflexionar sobre el camino recorrido.

Venimos de aldeas, bandas, grupos de 100, 200 personas, donde todos se conocían muy bien, y por tanto donde todos colaboraban, un día alguien salía a cazar y compartía, y al otro podía descansar y esperaba que otro hiciese lo mismo por él, porque ese vínculo de reciprocidad era la base de su supervivencia. En este intercambio recíproco, no se contaba cuánto o qué debías dar o recibir, de la misma manera que hoy en día ocurre dentro una familia. Si tu pareja te cocina un día, no esperas recibir una factura por ello, o si dejas a tu hijo el coche, tampoco esperas obtener nada a cambio..

En ese contexto surgen los primeros cabecillas, pero esa figura está totalmente alejada de lo que hemos vivido y nos han contado. Los primeros jefes igualitarios eran básicamente los tipos más capaces de la aldea, que tenían la responsabilidad de almacenar los víveres (sobre todo para tiempos de escasez), y repartir la comida entre todos. Pero ojo, estos jefes procuraban dar lo mejor a los demás durante el reparto, y no obtenían nada a cambio más que el respeto de los demás a su dedicación y trabajo. 

Los jefes no podían dar órdenes, y eran los primeros en arrimar el hombro, como una especie de monitor de boy scouts, que es el primero en levantarse por la mañana, y el primero en colaborar a modo de ejemplo con los quehaceres diarios.

Cuando había que decidir algo importante en la aldea, su decisión contaba como la del resto, aunque como es lógico se estimaba altamente, por las capacidades y respeto atesorado a su persona. En definitiva, estos primeros “jefes”, no buscaban fama ni riqueza, lo cuál nos es incomprensible hoy en día si tratamos de extrapolar la situación a los líderes actuales. En caso de que alguno de estos jefes, empezase a dar órdenes, tratara de quedarse con lo mejor, el resto de la tribu lo tomaría como un loco, y simplemente recogerían sus cosas y se irían a otro lugar a vivir tranquilamente, sin ningún problema ni conflicto asociado. Más teniendo en cuenta que hablamos de sociedades donde no hay una dependencia a los bienes adquiridos, y por tanto no hay ataduras a ningún lugar concreto.

Comencé este relato indicando que no sabía por qué me había venido todo el tinglado anterior a la memoria, justo ahora que estamos en este contexto de confinamiento, pero en realidad creo que sí lo sé.

El motivo es que se hace incomprensible comprender, cómo viniendo de dónde venimos, ese jefe primitivo se haya convertido en un abusón moderno, al estilo del más maléfico Kevin Spacey en House of Cards (por cierto, serie que cada vez demuestra tener menos de ficción, no sorprendería que terminase arrancando con el típico “basado en hechos reales”).

En todo caso aquí estamos, acostumbrados a tener como líder a un personaje artificial, creado a tal efecto, el típico militante que desde niño ha mamado los entresijos de la política y el poder, alejado totalmente de la realidad del pueblo, ubicado en su sillón por estirpe o por enchufismo. Nuestros líderes no son como antiguamente, los más capaces, valga como ejemplo el actual ministro de sanidad, Salvador Illa, no es médico, ni ha gestionado hospitales o trabajado en un centro de investigación, de hecho no ha podido estar más alejado de la medicina y salud, estudió filosofía y pasó toda su vida ejerciendo política, y ahora está al frente de una crisis de salud totalmente excepcional, que requiere a los mejores.

Estamos acostumbrados también a la injusticia del reparto, resulta que los antiguos líderes igualitarios daban siempre lo mejor a los demás, quedándose ellos mismos en último lugar durante el reparto de víveres; y los actuales actúan al contrario, autoasignándose salarios, primas, sueldos vitalicios, jubilaciones, privilegios… fuera de toda lógica respecto a lo habitual de un trabajador cualquiera, y como además eso les parece poco, deciden normalizar lo de robar al pueblo, de modo que los conceptos política y corrupción son prácticamente sinónimos hoy en día.

Los 680 millones que PSOE robó en Andalucía a través del caso de los ERES, o los 120 millones del PP y la Gürtel llaman la atención, también la suma total recogida en casos-alislados.com:

124.124.090.826

Pero es que además esta práctica de saquear el erario público ya abarca todo, desde el alcalde del pueblo más chico, al concejal de la ciudad más insignificante, todos quieren su trozo de pastel, y a todos les sigue pareciendo poco lo que tienen, por mucho que se lleven. Es una especie de avaricia sin límites.

Y entre tanto maleante, hasta hoy me ha dado la sensación de ver a la gente adormecida, como con una especie de somnífero que nuestro cuerpo no pudiese eliminar, hemos visto tramas de corrupción espeluznantes, no sólo por las cantidades de dinero sustraídas, sino por el tinglado propio de la más sórdida película de mafiosos: prostitución, fiestas, cargos públicos, sindicatos, jueces, banca, prensa, desaparición de pruebas… un mix donde cabe de todo, y a todos los niveles.

Y aún así, han llegado las elecciones de turno, y no ha cambiado absolutamente nada. Nada de nada, lo de siempre y como siempre. El movimiento del 15M prometía algo nuevo, una especie de serio aviso a los de arriba, pero ha terminado con la mayor parte de cabecillas ejerciendo de perfecto ejemplo de lo que criticaban en la calle.

Hoy nos encontramos en una situación excepcional, difícilmente hay palabras para describir lo que estamos viviendo.

23.190 fallecidos oficiales a 27 abril, y digo oficiales porque aquí no entran todos los casos, habrá que ver pasado el 2020, la diferencia de muertes respecto años anteriores. Por lo pronto hay escándalos como los de Castilla La Mancha, cuyas cifras oficiales en marzo eran de 708 fallecidos por covid-19, por los 1.900 estimados por el Tribunal Superior de Justicia de ésta comunidad a través del las licencias de enterramiento expedidas: más info.

Por otro lado, habrá que evaluar a los fallecidos por otras causas distintas al covid-19, pero relacionadas a la falta de medios de atención sanitaria, ahora totalmente centrados en esta epidemia. Pone los pelos de punta por ejemplo saber que un bebé de 5 meses, murió de apendicitis por una deficiente atención relacionada al caos con el coronavirus.

Personas confinadas en casa, un estado de excepción en toda regla pero sin llamarlo como tal porque suena feo. Con tantas situaciones límite como ciudadanos en España, y es que la realidad no es vivir en un chalet con una parcela del copón y piscina a lo Sergio Ramos y Pilar Rubio, bendito confinamiento ese, la realidad es estar en un piso que cada día se queda más pequeño. 

La realidad es la del empleado del supermercado, la del repartidor, el trabajador de limpieza, el vigilante, el policía, el bombero, el oficinista sin teletrabajo…

La realidad es la del autónomo sin ingresos de ningún tipo, cero… 

La realidad es la del trabajador remoto encerrado en casa.

La realidad es la de los que están en ERTE esperando la paga prometida por el gobierno, o los que viven con la incertidumbre de conservar el trabajo después de todo esto…

La realidad es la de los sanitarios, mirando a los ojos a ese bicho mortal cada día.

La realidad es la de los que han caído enfermos, esos más de 200.000 casos con el “oficiales” entrecomillado, los que lo han pasado muy mal, mal y no tan mal.

La realidad es la de los fallecidos y sobre todo la de las personas que dejan atrás, que no han podido acompañar a sus seres queridos en los últimos momentos, ni tampoco despedirlos como se debe después. 

Las realidades son tantas como personas haya, y desgraciadamente cada realidad en tragedia tiene un impacto e importancia para nada medido a través de cifras globales.

En este contexto actúan nuestros líderes, y en una situación de este calibre es cuando se demuestra la talla de los que están arriba. ¿Han dado la talla? Pues depende del color con el que se mire, rojo, azul… muchos no ven más colores o tonalidades. Pero dejando de lado el rancio partidismo, hay datos irrefutables:

  • España es el país con más restricciones (no es posible salir a andar, hacer deporte…), y sin embargo el segundo peor parado en cuanto a fallecidos tras Bélgica, 45,6 por cada mil habitantes.
  • Nuestro presidente falsea datos, como cuando afirma que España es el país que más test hace, la realidad cifra en 20 por cada mil habitantes. Puede comprobarse la información completa en el siguiente enlace: ourworldindata.org.
  • Los problemas de España, tanto por tiempos, como por coste para obtener el material sanitario necesario roza el absurdo, abonando incluso un 350% el coste estándar de elementos como los famosos tests fallidos. De aproximadamente 7 euros la unidad, a los 26 abonados.
  • Las deficiencias en el material adquirido; del todo es inadmisible se entreguen tests y sobre todo material de protección individual que no sea válido, pero aún es más inadmisible se devuelvan y adquieran otros igual de deficientes, dejando totalmente vendido al sanitario de turno.
  • España es con diferencia el país con más sanitarios infectados, un 20% sobre el total de casos (por poner un ejemplo Italia posee un 10%). Y sin duda, la causa directa es la falta de tests y material de protección, así como las deficiencias de los mismos una vez adquirido. Esto no sólo ha comprometido la vida de los propios sanitarios, sino de los enfermos tratados por los mismos.
  • Improvisación y falta de autocrítica. Vemos cambios en la aplicación de las normativas por horas, o simplemente por la lectura de los globos sonda lanzados en redes sociales, lo normal es que un buen líder tenga un plan definido, susceptible a cambios como no, pero la estrategia ha de ser a medio y largo plazo. Otros países vecinos, han definido los planes de desconfinamiento, vuelta al cole, al trabajo… desde hace tiempo. Para más inri hay cero autocrítica, ni a toro pasado con certezas ya absolutas, se relata el mea culpa, y es que un buen líder también debe reconocer, y sobre todo aprender de sus errores. El pronóstico del coordinador de emergencias de sanidad en febrero, con sólo algún caso aislado de coronavirus en España aún chirría, pero su pronóstico actual de que no es necesario hacer tests infunde aún más miedo por lo que puede conllevar. 

Con todas estas premisas, el futuro se presenta incierto, una gestión claramente deficiente, un país dividido en colores, y un virus cabrón, que no sabemos que nos tiene preparado para el futuro… volverá una segunda oleada el próximo otoño?, habrá un repunte de casos tras el confinamiento?, mutará?

Entre tanta mierda, uno ha de poner especial atención además a lo que lee, ve y oye, ya que los medios trabajan igualmente por colores, las redes sociales nos muestran lo que queremos escuchar de modo automático, y los líderes han aprendido a mentir mejor que nunca, confundiendo y difundiendo bulos, y utilizando auténticos equipos de especialistas en manipular la información que nos llega. A caso ya no se recuerdan las informaciones de políticos, prensa, TV, supuestos especialistas…  afirmando rotundamente que esto del coronavirus era una simple gripe sin importancia? Que la gripe ordinaria era mucho peor que este virus? De eso hace prácticamente 2 días, y ahora menudo panorama.

Uno trata de ser positivo, pero pinta mal, muy mal. Al final como todo (o casi todo) lo superaremos, o mejor dicho, algunos lo superarán y otros no. Pero aún no somos conscientes de lo que perderemos por el camino, ni tan siquiera somos conscientes de lo que hemos perdido, y dentro de 4 años más de lo mismo, el mismo somnífero inyectado a través de elecciones. 

Por último, si tienes una mente inquieta, curiosidad de saber más, si pasas de colores y simplemente quieres la verdad alrededor de datos científicos contrastados sobre este bicho que tenemos encima, he de recomendarte el siguiente canal de youtube (lo sé, cuando lo veas probablemente te eche para atrás, yo pensaba lo mismo y ahora estoy modo fan total de este tipo):

y de cara al futuro desconfinamiento, se puede empezar por echar un ojo a este concreto:

Por último, para todos, salud y suerte.

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